{"id":3569,"date":"2020-10-08T14:42:35","date_gmt":"2020-10-08T14:42:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.gonzalochillida.com\/?page_id=3569"},"modified":"2020-11-01T12:43:07","modified_gmt":"2020-11-01T12:43:07","slug":"montanas-y-aguas","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/gonzalochillida.com\/es\/textos\/montanas-y-aguas\/","title":{"rendered":"Monta\u00f1as y aguas"},"content":{"rendered":"<div class=\"page\" title=\"Page 127\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p><strong>Monta\u00f1as y aguas<\/strong><br \/>\nHoracio Fern\u00e1ndez<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 127\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>La condici\u00f3n del paisajista es tener experiencia del paisaje. Una experiencia consciente, en la que salir al campo no es irse al exilio ni menos a\u00fan de vacaciones, sino la causa militante y el fin expreso de la acci\u00f3n del paisaje. Una situaci\u00f3n aparentemente sencilla que tard\u00f3 demasiado, al menos en la escena europea, donde hubo que esperar a las consecuencias de un hecho tan f\u00fatil como que un poeta ascendiera una cima y luego lo contara. Pero la excusi\u00f3n de Petrarca al Mont Ventoux ten\u00eda m\u00e9rito: entonces no hab\u00eda palabras para enunciar su haza\u00f1a, un paso peque\u00f1o para un hombre, pero, ya saben, un gran paso para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La palabra se cre\u00f3 al final muchos a\u00f1os despu\u00e9s, en el norte, en los Pa\u00edses Bajos, combinando dos conceptos, uno relacionado con la acci\u00f3n de mirar y el otro referido al lugar. El lugar no es exactamente el espacio, una abstracci\u00f3n que se convierte en cosa sensible, se materializa, cuando est\u00e1 determinada por acciones humanas, como por ejemplo el trabajo y, sobre todo, la mirada. En efecto, hacer paisaje es mirar la naturaleza modificada (o no, si eso fuera posible) por la mano del hombre, lo que implica necesariamente salir del taller e ir afuera, caminar cuesta arriba, sufrir el sol o el fr\u00edo, las luces cambiantes de las horas y los vaivenes de las nubes. Tambi\u00e9n es importante la mayor o menor dureza del calzado, una herramienta primordial del paisajista pero muchas veces desde\u00f1ada, a pesar del esfuerzo de Van Gogh para transformar en monumentos sus viejas botas de caminar, por suerte reconocido por Martin Heidegger. Y por Nancy Sinatra.<\/p>\n<p>Las botas que reconocen el paisaje y sujetan a la tierra indican que la experiencia paisaj\u00edstica es autobiogr\u00e1fica y hasta intensamente realista. Los paisajistas tienen que haber visto y sentido. Aunque al final puedan pintar en la comodidad de su estudio, primero deben vivir las afueras de las ciudades. As\u00ed trabajaron ya Poussin y Claude, pintando con sus ayudantes en el taller, pero primero bosquejando a solas en las colinas romanas, seg\u00fan parece acompa\u00f1ados de un peque\u00f1o y util\u00edsimo artilugio \u00f3ptico, una lente c\u00f3ncava de forma ovalada o circular, tintada en bet\u00fan o sepia por uno de sus lados y de esta forma convertida en espejo manual.<\/p>\n<p>Los paisajistas usaban estos espejitos protegidos en estuches de espaldas al motivo, que era enfocado, encuadrado y recortado mediante la lente, escudri\u00f1ando cuidadosamente el lugar a base de ligeros movimientos del brazo a un lado y al otro hasta obtener la mejor imagen posible, m\u00e1s deseada que encontrada, es decir, una imagen so\u00f1ada, previamente existente (aunque quiz\u00e1s deformada, confusa o incompleta) en la cabeza del artista, la que confirmaba sus intuiciones e invenciones.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 129\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Si la lente, m\u00e1s tarde conocida como Claude Glass, era manejada con destreza serv\u00eda para concentrar la mirada, ayudaba a fijar la composici\u00f3n y permit\u00eda saber una de las cosas m\u00e1s dif\u00edciles del complejo arte de la pintura: cuando est\u00e1 acabado un cuadro. Para Manet era la prueba definitiva. Si un cuadro funcionaba en su espejito pod\u00eda dejar de una vez en paz los pinceles y dedicarse a los placeres de los Caf\u00e9s, que era donde realmente estaba a gusto. Apr\u00e8s deux heures de travail, j\u2019ai regard\u00e9 dans ma petite glace noire, \u00e7a se tenait. Je n\u2019y ai pas donn\u00e9 un coup de brosse de plus.<\/p>\n<p>Aquel artilugio \u00f3ptico reduc\u00eda las formas, matizaba los colores, destacaba las luces que permiten distinguir entre las sombras, entonaba las gamas m\u00e1s discordantes. A continuaci\u00f3n, una vez encontrado el recorte, se hac\u00eda un bosquejo r\u00e1pido a l\u00e1piz o acuarela, que era m\u00e1s que suficiente para enfrentarse al gran lienzo en el que hab\u00eda que acomodar por imperativos del mercado una historia por medio de figurillas superpuestas, que despu\u00e9s muchas veces acababan trasparentando el fondo, la base del paisaje sobre el que fueron pintadas.<\/p>\n<p>La fotograf\u00eda tambi\u00e9n serv\u00eda y seguramente a\u00fan mejor para sintetizar las formas y armonizar las gamas. Adem\u00e1s, era el mejor cuaderno de apuntes posible. Y el m\u00e1s r\u00e1pido. As\u00ed que con el tiempo la fotograf\u00eda ha sido el gran aliado de los paisajistas. En fotos, por supuesto, como las de Robert Adams, Joel Sternfeld o Stephen Shore, pero tambi\u00e9n en cuadros como los de Gerhard Richter.<\/p>\n<p>O los de Gonzalo Chillida. Sus series fotogr\u00e1ficas sobre horizontes monta\u00f1osos, bosques, marinas y celajes lo demuestran. Trabajaba muchas veces en panoramas, moviendo su c\u00e1mara a lo largo de la l\u00ednea en la que los tonos fr\u00edos de las sierras lejanas se unen a los tonos no menos fr\u00edos de los cielos nubosos del norte. Los constru\u00eda uniendo entre s\u00ed con un poco de cola las copias fotogr\u00e1ficas que imprim\u00eda en talleres de revelado mec\u00e1nicos, sin m\u00e1s pretensiones. Al final, las fotos eran el testimonio de sus miradas por otro espejito, el prisma de las c\u00e1maras reflex, sus anotaciones de campo, sus esbozos y sus s\u00edntesis.<\/p>\n<p>Cuando se re\u00fanen los panoramas fotogr\u00e1ficos y las pinturas de Gonzalo Chillida, los cuadros ganan en experiencia, se acercan al mundo y se alejan de la supuesta complejidad que tantas veces (a partir de las teor\u00edas de Rosemblum sobre la sublimidad de la abstracci\u00f3n y su relaci\u00f3n con los paisajes rom\u00e1nticos de Friedrich y compa\u00f1\u00eda) se aplican a los paisajes. Al dar la espalda a los informalismos se alejan tambi\u00e9n de las met\u00e1foras dudosas con las que casi siempre se alude a los cuadros que muestran motivos poco claros.<\/p>\n<p>Parece que no sean suficientes las nubes y las monta\u00f1as, ni tampoco los bosques y las marinas. Siempre se ha pedido algo m\u00e1s al paisajista, historietas anecd\u00f3ticas a los antiguos y conceptos interpretativos sujetos con alfileres a los m\u00e1s recientes.<\/p>\n<p>Habr\u00eda que aprender de la pintura oriental de paisaje, que desde hace mucho tiempo (mucho antes de que los pintores flamencos abandonaran los fondos dorados y los llenaran de colinas boscosas y lagos helados con patinadores patosos) se denomina de forma descriptiva con dos y s\u00f3lo dos conceptos, las monta\u00f1as y las aguas, que componen juntos la palabra shanshui.<\/p>\n<p>En un viejo tratado titulado Introducci\u00f3n a la pintura de monta\u00f1as y aguas, escrito hace m\u00e1s de mil seiscientos a\u00f1os, se afirma que las mejores cosas son las monta\u00f1as nubladas, r\u00edos entre ca\u00f1ones escabrosos y dem\u00e1s combinaciones de agua (como lluvia, nieve, bruma, vaho, hielo, etc.) unidas con las variantes de la monta\u00f1a: rocosa, escarpada, arbolada, des\u00e9rtica&#8230; Su sustancia espiritual se percibe cuando se ven materialmente, in situ, una experiencia que milenio y medio atr\u00e1s hac\u00eda aconsejable viajar a lugares que igual ya ni existen como los montes Kongtong, Juci, Mogu, Jishu y Dameng que cita Zong Bin. Viajar muy lejos y sin duda con muchas dificultades para comprenderlos, para encontrar placer en ellos y para recordarlos con afecto, entre otras posibilidades igualmente felices.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 131\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>Las fotograf\u00edas son por definici\u00f3n memoria. Han sido descritas como ventanas abiertas, inseparables de sus motivos, como documentos incompletos, pero persuasivos, del pasado. En las fotos de Gonzalo Chillida se guarda inc\u00f3lume una chispita no tan min\u00fascula del azar de sus paseos a la b\u00fasqueda de efectos visuales capaces de conseguir que su mirada disfrutase y \u00e9l aprendiese. En estas fotograf\u00edas nunca pasa nada, nunca hay nadie ni parece que lo haya habido recientemente, carecen de protagonistas con sus correspondientes historietas tanto como de met\u00e1foras huecas o de precisiones nominalistas. No descubren an\u00e9cdotas propias o ajenas, ni citas literarias tra\u00eddas por los pelos. Tampoco esas afirmaciones geogr\u00e1ficas que se convierten por arte de magia en localismos y otros ismos.<\/p>\n<p>Siempre habr\u00e1 quien encuentre pistas que le lleven por esos vericuetos en los que tan f\u00e1cil es perderse, pero no ser\u00e1 por deseo del autor, el pintor y fot\u00f3grafo Gonzalo Chillida, quien siempre prefiri\u00f3 mantenerse al margen y no mostrar del todo sus cartas, que ahora comparecen despu\u00e9s de su muerte por la obediencia filial de sus herederos. Su voluntad ha sido mostrar de la forma m\u00e1s completa y rica posible el legado en gran parte secreto de un paisajista que demuestra haber sido capaz de andar, mirar, pintar y fotografiar monta\u00f1as y aguas.<\/p>\n<div class=\"page\" title=\"Page 131\">\n<div class=\"layoutArea\">\n<div class=\"column\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p><em>Gonzalo Chillida. <\/em>Cat\u00e1logo exposici\u00f3n, Sala Kubo Kutxa Aretoa, Donostia San Sebasti\u00e1n, 2016.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Monta\u00f1as y aguas Horacio Fern\u00e1ndez La condici\u00f3n del paisajista es tener experiencia del paisaje. Una experiencia consciente, en la que salir al campo no es irse al exilio ni menos a\u00fan de vacaciones, sino la causa militante y el fin expreso de la acci\u00f3n del paisaje. 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