{"id":28,"date":"2020-04-10T10:24:11","date_gmt":"2020-04-10T10:24:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.gonzalochillida.com\/?page_id=28"},"modified":"2020-10-23T17:10:54","modified_gmt":"2020-10-23T17:10:54","slug":"pintar-al-limite","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/gonzalochillida.com\/es\/textos\/pintar-al-limite\/","title":{"rendered":"Pintar al l\u00edmite"},"content":{"rendered":"<p><strong>Pintar al l\u00edmite<\/strong><br \/>\nFrancisco Calvo Serraller<\/p>\n<p>En el muy bello y justo texto, que escribi\u00f3 hace a\u00f1os Gabriel Celaya sobre la pintura de Gonzalo Chillida, se alud\u00eda al car\u00e1cter metaf\u00edsico implicado en la representaci\u00f3n de lo inhumano, el paisaje de la naturaleza deshabitada. Era un texto que acompa\u00f1aba una exposici\u00f3n formada fundamentalmente por paisajes arenosos, que se pod\u00edan identificar vagamente con visiones marinas desde la playa. Parece que el hombre se acerca al mar, paseando por sus playas, acuciado por alg\u00fan interrogante fundamental. En una playa estaba Agust\u00edn de Hipona pregunt\u00e1ndose por el significado inexcrutable\u00a0 del misterio de la Trinidad, cuando un \u00e1ngel le hizo comprender que su curiosidad quedar\u00eda satisfecha cuando el mar cupiese en un peque\u00f1o hoyo de arena.<\/p>\n<p>La tierra y el mar establecen un di\u00e1logo enfrentado, sin que jam\u00e1s puedan superar el l\u00edmite que los separa, un l\u00edmite de elementos antit\u00e9ticos. Es verdad que el hombre, atraves\u00e1ndolo, puede contemplar las dos perspectivas, pero es, desde cada una de ellas, radicalmente diferente: est\u00e1, siente y piensa diferente. Desde el desierto arenoso de la playa, el mar se muestra, no obstante, tambi\u00e9n como un desierto azul: es una perspectiva plana y pulida como un espejo infinito, donde se reflejan, alumbrados por la luz, cielo, tierra y agua. Es el espejismo de una realidad completa, la ilusi\u00f3n absoluta de la verdad.<\/p>\n<p>Los f\u00edsicos presocr\u00e1ticos dan la impresi\u00f3n de haber pensado el mundo desde una orilla y, desde luego, hay siempre en la interrogaci\u00f3n metaf\u00edsica una querencia de litoral. Recuerda a este respecto el impresionante cuadro de Kaspar David Friedrich del Monje frente al mar, que es la imagen de quien ha llegado al l\u00edmite en pos de la verdad.<\/p>\n<p>Tal y como le ha ocurrido a Gonzalo Chillida, cuando se llega a estas verdades \u00faltimas, no cabe el entretenerse con los cambios de visi\u00f3n. No se progresa por cambios, sino mediante una silenciosa concentraci\u00f3n, un ahondamiento en lo visto, que abarca todo lo visible, porque se ha comprendido lo infinito de la visi\u00f3n. En este sentido, la actitud y la obra de Gonzalo Chillida es, no cabe duda, las propias de un visionario rom\u00e1ntico, de un m\u00edstico que no puede encelarse con lo pintoresco de la naturaleza, porque ha penetrado en su esencia. Su pintura es, pues, como la de Friedrich o la de Morandi, una pintura efectivamente metaf\u00edsica, con la \u00fanica diferencia, respecto al segundo de los dos antes citados, que Gonzalo Chillida contempla el mundo desde el exterior, fuera de la casa, m\u00e1s all\u00e1 de lo humano.<\/p>\n<p>De esta manera, el arri\u00e8re-pays, del que hablaba bellamente Yves Bonnefoy, buscando una verdad en los paisajes pintados detr\u00e1s de la an\u00e9cdota de los hombres, se convierte para Gonzalo Chillida en el \u00fanico objeto de su inter\u00e9s art\u00edstico, en la \u00fanica referencia para contemplar lo real. Albert Camus, otro pensador de litoral, de riberas des\u00e9rticas, quiso ver en los cuadros de Piero a hombres exang\u00fces, sin sangre, heraldos del desierto, tocados por el ardor de las arenas, que contienen el secreto del mundo extremadamente purificado por la acci\u00f3n abrasiva conjunta de todos los elementos, aire, fuego, tierra y mar. El hombre del desierto es un hombre esencial, como lo es tambi\u00e9n la naturaleza misma, en cuyos granos de arena Marguerite Yourcenar \u2013 Le temps, ce sculpteur-, cre\u00eda sentir el latir de las piedras, de las piedras reducidas a su ser fundamental, part\u00edculas, polvo, el principio y el fin.<\/p>\n<p>Entre brumas y celajes, los paisajes de Gonzalo Chillida pueden, a veces, retirarse de la orilla, pero, espacios vacantes, nunca abandonan la relaci\u00f3n agua- tierra, salvo cuando la vista se remonta a los cielos, ese infinito puro que no tiene otro semejante natural que la mar inabarcable. Sus colores son, por otra parte, pura sustancia luminosa, con reverberaciones opalescentes, cuya respiraci\u00f3n inmaculada no se quiebra ni en los pardos reflejos de la tierra y su transl\u00facida vegetaci\u00f3n capilar. Estos resplandores a ras de tierra y agua producen el efecto de una intimidad desolada, una atm\u00f3sfera de quietud virgen, un silencio prehist\u00f3rico. Y el alma se acongoja melanc\u00f3licamente ante este silencio, pero sufre con una pena l\u00edrica. Gaston Bachelard, en El agua y los sue\u00f1os, nos ha explicado la verdad que se oculta en esta querencia po\u00e9tica por el agua: \u201cEl ser consagrado al agua es un ser en el v\u00e9rtigo. Muere a cada minuto, sin cesar algo de su sustancia se derrumba. La muerte cotidiana no es la muerte exuberante del fuego que atraviesa el cielo con sus flechas; la muerte cotidiana es la muerte en el agua. El agua corre siempre, el agua cae siempre, siempre concluye en su muerte horizontal. A trav\u00e9s de innumerables ejemplos veremos que para la imaginaci\u00f3n materializante la muerte del agua es m\u00e1s so\u00f1adora que la muerte de la tierra: la pena del agua es infinita.\u201d<\/p>\n<p>Entre brumas, la belleza de los paisajes de Gonzalo Chillida nace de una \u00edntima compenetraci\u00f3n con la naturaleza, cuyo ser representa. Su pintura est\u00e1 en el l\u00edmite, donde lo que se ve es definitivamente el m\u00e1s all\u00e1. En verdad, no se puede ir m\u00e1s all\u00e1 de la pintura de Gonzalo Chillida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cat\u00e1logo exposici\u00f3n <em>Gonzalo Chillida.<\/em> <em>Arenas.<\/em> Museo de Bellas Artes de Bilbao, 1990.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pintar al l\u00edmite Francisco Calvo Serraller En el muy bello y justo texto, que escribi\u00f3 hace a\u00f1os Gabriel Celaya sobre la pintura de Gonzalo Chillida, se alud\u00eda al car\u00e1cter metaf\u00edsico implicado en la representaci\u00f3n de lo inhumano, el paisaje de la naturaleza deshabitada. 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