LIV

¿Qué te puedo decir

ahora,

cuando el tiempo

para ti,

se va,

como un último tren

que espera su salida?

¿Qué te puedo decir,

cuando el tiempo se va,

para ti, se va,

como un último tren

en una estación vacía?

¿Qué te puedo decir,

ahora,

cuando la vida

se va como un último tren

en una estación vacía?

Recuerdo,

otro tiempo como un mar,

otro tiempo

de un horizonte ilimitado.

Recuerdo

tu impaciencia de vivir

y adelantarte a la vida.

Pero ahora,

amigo mío,

el tiempo se va,

como un tren nocturno

que espera la salida

en una estación vacía.

 

LVII

El tiempo, de pronto,

desaparece.

Todo continua sin tiempo:

el mar, las calles,

vosotros, nosotros,

tú, yo mismo.

El retorno, la aparición del tiempo

se anuncia por una suave brisa.

Después todo queda como antes,

en silencio.

 

LXXI

Grandes bandadas de pájaros

cruzan el cielo. Es una sombra oscura

volando hacia el sur.

El otoño ha convertido los bosques

en un silencio rojo.

El tiempo pasa.

 

LXXV

¿Por qué me preguntas

si es mi hijo?

No soy de nadie.

No sé nada.

No sé quién me persigue

entre piedras, árboles, playas.

Soy una flecha,

un pájaro perdido,

volando día y noche

sobre una nube oscura.

 

LXXXI

No conozco la fuerza de la vida,

ni la vida escondida dentro de una piedra,

ni la voz que aún no oímos en las hojas que nacen,

ni la incredulidad ante el vuelo de un pájaro.

Presentir el rítmico silencio que

respira la luna, sin que nadie lo note.

Presentir un secreto, una conciencia oscura.

Y presentir la voz del mar que nunca olvida.

 

LXXXII

Dejar que la emoción

dé frutos en la sombra,

que la lluvia penetre,

lentamente, en la tierra.

Que nazcan las palabras,

que puedan tener hojas.

Dejar que la emoción

se despierte en la sombra.

 

XCI

Va naciendo un horizonte en el espíritu:

el mar, la tierra, el temblor de

una noche sin nubes, el océano

en silencio del alma.

Las olas no se ven ni se oyen;

su voz es mi voz,

su vida está en mis ojos.

Y voy y entro y salgo

por la vida

en el océano del alma.

 

XCVIII

No sabía nada. No sabía quién era.

El silencio me hablaba desde lejos.

¿Qué lengua será ésta?

No la he oído nunca.

No es el grito de un timbre,

Ni el ruido de una puerta.

Es una larga nube.

Es la voz más querida

Que llega a mis oídos.

 

II

Pero sí quiero hablar.

Quiero que nazca una estela

de mi voz en el silencio,

una estela en el mar

que respiro,

una estela en el aire

y en el viento.

 

VIII

Nadie en casa.

Las ventanas abiertas.

El suave aire del mar

en todas partes.

 

X

Palabras como relámpagos lejanos.

Palabras que nos hablan

desde un profundo mar oscuro.

¡Verdes relámpagos callados!

 

XII

Estaré aquí,

junto a la ventana,

y volverá la noche

y la tarde y la mañana.

Y estaré aquí,

junto a la ventana.

 

XXI

Dentro de mí

hay olas más profundas,

aguas más oscuras,

grises más sombríos.

 

XXIV

Descubrir lo que somos viviendo

oscuramente.

Paseando un domingo

por el muelle en silencio,

despacio, entre los barcos

amarrados y quietos.

 

XXV

Un ser

que ya no está

es el temblor

de una rama

cuando el pájaro

se ha ido.

 

XXX

Este momento

es mar, mar, sólo mar.

Sin costas, sin rocas,

sólo viento y mar.

Viento y mar.

Sólo viento y mar.

 

 

Gurruchaga, Joaquín

Poemas escogidos de El tiempo, el humo, el pasado. Ed. Calabur.Poesía 5. 1996.